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Castillo de Zafra

A.E.Zafra > Sierra de Caldereros

Muchas son las culturas que han pasado por estas tierras fértiles, celtíberos, romanos, visigodos, moros y cristianos. Todos ellos vieron con buenos ojos este entorno, donde sus caballerías podían pastar en la suave pradera de hierba fresca, saciar la sed en los manantiales y guarecerse de las inclemencias del tiempo bajo las imponentes lascas de piedra que como gigantes lanzas emergen del suelo.
Pero si algo destaca sobre manera en esta vega, es el imponente castillo que se levanta desafiante sobre una roca en la ladera de la montaña. Aquí se hacen fuertes los moros toledanos, pero el aguerrido rey aragonés Alfonso I El Batallador consigue vencerlos en 1129 anexionando esta fortaleza a la Villa de Daroca.
Las reyertas con los musulmanes eran continuas, el Señor de Molina, el Conde don Manrique de Lara, solicitó al reino de Aragón el castillo de Zafra para una mejor defensa del territorio, cosa que fue aceptada por Ramón Berenguer IV en 1154 y así se cita en el Fuero de Molina como la fortaleza más importante de este Señorío.
En 1212 Don Gonzalo Pérez de Lara participa con buena fortuna en las Navas de Tolosa. Fernando III el Santo, está muy ocupado en sus guerras con los musulmanes, allá por tierras andaluzas, cosa que aprovechan algunos señores feudales como Don Gonzalo para sembrar el terror por donde pasan, sin más intención que la de enriquecer sus arcas o divertirse a costa de la vida de sus lacayos. Pero el trasfondo es bien distinto ya que lo que intentan es favorecer al rey de León, Alfonso IX.                                                   
Enterado el rey castellano de tales fechorías, pone en marcha su ejército para castigar al Conde y este corre a refugiarse a su fortaleza más inexpugnable, el Castillo de Zafra. Aquí dispone de refugio para 500 de sus más fieles caballeros, las despensas repletas de comida y el aljibe que escavado en la roca aprovisiona de agua manantial a los moradores de la fortaleza.
Cuando llega el ejército de Fernando III se topa con un pedrusco de 131 m de largo por 26 m de ancho y una altura media de 12 m sobre la que se elevan unas altísimas paredes almenadas desde donde las tropas del Conde les lanzan todo menos flores. Ante la imposibilidad de asaltar semejante fortificación, deciden asediarla y así van pasando los días, las semanas y los meses hasta que Dña. Berenguela, madre de Fernando III interviene en el litigio y establecen la "Concordia de Zafra". En este tratado Gonzalo Pérez de Lara se compromete a desheredar a su hijo Pedro y hacer heredera del Señorío a Mafalda que a su vez será casada con el infante don Alfonso, hermano del rey. Con este acuerdo se calman los ánimos pero a lo largo de los años las reyertas por el poder no cesan y el castillo siempre tiene su parte de protagonismo hasta 1479 que es entregado a los Reyes Católicos.
Se tiene constancia de que en el siglo XVI el castillo conserva su importancia, pero a partir de aquí se va deteriorando hasta llegar a tener un aspecto lamentable. En 1971 sobre el gran pedrusco original que sigue intacto, solo se asentaban cuatro piedras en la torre de la entrada y otras cuatro de la torre del homenaje. Cuando íbamos a la Vega, los más mayorcitos subíamos al castillo, a los pequeños no les dejaban ya que su acceso era realmente peligroso. Había que acceder al mismo por una piedra inclinada en la que te podías resbalar y caer desde una altura nada despreciable. Afortunadamente ahora tiene un aspecto impresionante y se lo debemos a su actual propietario, Don Antonio Sanz Polo, que lo adquirió al Estado por una cantidad desorbitada, 33.000pts, teniendo en cuenta que compraba cuatro piedras, pero esta primera inversión le ha llevado a gastarse una verdadera fortuna para ver cumplido su sueño.
Desde esta plataforma agradecemos el esfuerzo de todas las personas que han hecho posible la restauración de este castillo y muy especialmente a Jesus Casado "Peseto" (que en paz descanse) que durante treinta años y con su buen hacer ha conseguido gestas imposibles. Ahora podemos disfrutar de una verdadera maravilla que rememora la historia de estas tierras campillanas y junto con la laguna Honda y la Iglesia Parroquial nos sentimos orgullosos de enseñar a todo forastero que se digna a visitarnos.
Fernando López Herranz, nos manda un artículo muy interesante que, apareció en la revista Wad al Hayara en 1996 sobre el sello encontardo en las escavaciones del castillo.


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