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Virgen de la Antigua

La Iglesia

La ermita de san Crispín, que así se llamaba la actual ermita de la Virgen de la Antigua, data de 1231 como se encontró escrito en la misma ermita. Servía de parroquia para los poblados de: Villares del Cerro la Grulla, Villarejo, Campillo y sitio de la ermita. Las sucesivas luchas que asolaban estas tierras, obligaron a los habitantes de estos caseríos a refugiarse en Campillo, hasta que finalmente éste también sucumbió.
La ermita permaneció, durante 87 años sus muros no escucharon otro cantar que el de los pájaros. No se sabe a ciencia cierta, cuando fue llevada y colocada la imagen de la Virgen que hoy allí veneramos. Según la opinión de D. Julián Herranz Malo, cura de San Martín de Molina e historiador de Campillo, narra que D. Manrique de Lara, primer señor de Molina, edificó en esta población un templo dedicado a la Virgen de la Antigua y su tataranieta la Infanta Doña Blanca, quinta señora de Molina, fundó la Compañía de Caballeros de Dº Blanca, y dioles por Patrona a la Virgen de la Antigua, juntamente con San Julián, llamado el cazador, santo que veneran en Morenilla.
Posiblemente la imagen que veneramos en nuestra ermita, es copia de la de los Caballeros de la Infanta. La antigua ermita era pequeña y fue demolida en 1835 para sobre el mismo solar, levantar la actual.
De planta cuadrada, con puerta de arco semicircular con piedra de sillería y dos columnas, una a cada lado. En la parte superior de la puerta hay dos inscripciones, a la derecha: "J.S.F." y a la izquierda: "J.H.S.", rematados ambos por corona real.
En 1855 el hermano Carmelita Fr. Silvestre Agudo, plantó los olmos que flanqueaban el camino entre la ermita y el arroyo, cuidándolos con gran esmero, consiguió que estos alcanzaran un tamaño considerable, siendo la admiración de todos los que a la ermita se acercaban. Desgraciadamente en 1985 llegó una enfermedad llamada grafiosis y los olmos que durante 130 años habían adornado el camino se secaron.
Fueron talados y posteriormente quemados, pero por fortuna, el olmo arde muy mal, solo se quemó la zona superficial y las ramas y raíces más finas, quedando arrinconados al margen de los campos adyacentes. Así pasaron años y un día algunos lugareños decidieron sanear el tronco y con un camión grúa llevarlos al aserradero de Molina donde los hicieron tablones. Estos tablones se trasladaron posteriormente a Navaleno, pueblo de reconocido prestigio maderero, allí fueron tratados y secados durante más de un mes para posteriormente, elaborar unos formidables muebles, de los cuales podemos disfrutar y mantener en el recuerdo aquellos olmos que plantara con tanto cariño el hermano Fr. Silvestre Aguado.

Fernando López Herranz, nos remite un artículo publicado por la revista Wad al Hayara,1989, Nº 16 relacionado con la Virgen de la Antigua cuya lectura resulta interesante.



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